




 |
Quince kilómetros de playa, más de sesenta mil plazas de alojamiento, más de un millón de metros cuadrados de parques y jardines. Todo ello en una pequeña ciudad encantadora, tranquila durante el invierno y abarrotada de gente
en verano.
Rímini es sinónimo de turismo de playa. Su historia nace y se desarrolla en la playa. La primera zona de baño surgió en 1843.
El símbolo de la Rímini turística es el Kursaal, el edificio para las ostentosas fiestas sociales. El litoral, a principios del s. XX, prosperó con la construcción del Grand Hotel, el primer edificio hotelero y el emblema de un nuevo turismo.
La ciudad resulta acogedora, no solo por sus playas, sino también por su parte más antigua, el centro histórico.
Las antiguas calles de Rímini, Corso d'Augusto, via Gambalunga, Piazza Cavour, Piazza Tre Martiri, Piazza Ferrari, los característicos callejones de la ciudad, son ideales para pasear y algunos lugares como la «plaza de la antigua pescadería» constituyen un punto de encuentro,
especialmente para los jóvenes.
Cerca de los antiguos bancos de piedra en los que se vendía antiguamente el pescado, se encuentran los pubs de moda que han convertido a esta encantadora plazoleta en el corazón de la movida local.
Los motivos para visitar Rímini son innumerables. De junio a septiembre, todos los martes tiene lugar la visita guiada «Paseando por el pasado», un recorrido por los principales monumentos de la ciudad, los testigos de las diferentes épocas: el Puente de Tiberio y el Arco d'Augusto,
las armonías de la Fontana della Pigna que cautivaron a Leonardo da Vinci y, por último, las salas del Museo de la Ciudad.
El Corso d'Augusto y las zonas adyacentes son ideales para ir de compras: desde las tiendas artesanales que venden las típicas telas de Romaña estampadas con motivos de color herrumbre, a las boutiques de las marcas más prestigiosas.
Cada día y cada noche en Rímini se montan mercados y mercadillos de antigüedades. El mercado principal, el más grande la región Emilia Romagna, tiene lugar los miércoles y los sábados por la mañana en la Piazza Cavour y en la Piazza Malatesta.
Rímini, por otra parte, es la ciudad de los personajes dantescos Paolo y Francesca, así como de Federico Fellini, el genio indiscutible del cine internacional que dirigió obras maestras como «Otto e mezzo» y «La dolce vita».
Al pasar por la Riviera, es obligatorio probar la piadina. Se han encontrado evidencias de este plato desde el año 1200 a. C. como pan ácimo.
La receta fue perfeccionada más tarde por los etruscos y heredada por los romanos. Después fue utilizada en la Edad Media y en el Renacimiento, en especial por la clase campesina, que no podía permitirse comprar el pan con levadura.
Enriquecida con manteca de cerdo (lo que la hace quebradiza), se puede rellenar de mil maneras. Desde los años 70 y 80, la piadina conquistó a los turistas, que la podían encontrar en los quioscos de las calles de la Romaña, donde se preparaba en un momento.
Gracias a su calidad, la rapidez de preparación y las infinitas posibilidades de relleno, la piadina es en la actualidad un alimento ideal para la comida rápida y mucho más.
|